Críticas y Reseñas La Barraca de Lorca

Desiderio Corrales. Escritor y crítico de arte y teatro. Alcuéscar (Cáceres) 7 de diciembre de 2019

Cuando vi llegar a los artistas esta noche a la entrada de la Casa de Cultura de Alcuéscar, ya vestidos y maquillados, me dio un vuelco el corazón. Los saludé y fue igual que si volviera a otro tiempo.

La gente iba acudiendo lentamente como si el espectáculo no fuera con ellos.

Pero ustedes no conocen la pasión de este pueblo por el teatro. Y el aforo se llenó para asistir a algo mágico, diría casi milagroso. Para ver a Federico García Lorca convertido en un hombre orquesta que baila, canta, actúa y emociona en su papel, como si en ello se le fuera la vida. Y así es que pocas veces vi a alguien tan identificado y enamorado por un mito.

El escenario, tan austero con su cortinaje negro y tres sillas de madera pintadas de rojo, da una profundidad y simbología a la acción que sobre él se desarrolla.

Y lo que ocurre es ver bailar el alma del poeta mutada en un heraldo que nos recuerda las maravillas del retablo de nuestro teatro clásico español. Lope, Calderón y otros nombres eximios de la escena se hacen presentes por ensalmo en carne vibrante, mientras finas gotas de sudor perlan su frente en el frenesí de la danza.

Hay que verlo interpretar los distintos números cambiando de registro y atuendo.

Como si adivinara la tragedia, el artista abandona sobre las tablas en figura doliente o mártir exánime recordando a El Caballero de Olmedo.

Pero también transformado en alegría de la fiesta flamenca, Anda Jaleo, y luchan por conseguirlo. Que excelentes bailarinas.

En fin, un disfrute visual y musical que hizo que el público emocionado despidiera a los tres artistas y actores como es tradicional, puesto en pie con aplausos calurosos.

Larga vida al teatro y a la cultura como dijo Jesús Custodio o Federico, no sé, porque hoy eran la misma persona.