Críticas y Reseñas La Barraca de Lorca

María José Vergel (Concejala de Cultura de Torrejoncillo, Cáceres) 25 de enero de 2020.

Llegó para instalarnos la alegría. El mismísimo Carro de Tespis, se puso de nuevo en marcha y nos trajo la ilusión del teatro primigenio. Federico y Jesús Custodio son dos seres de luz que llegaron para embriagarnos las horas grises de este tiempo de invierno. Durante la hora y media que duró el espectáculo, puedo dar fe que Federico habitó entre nosotros. Teatro, cante y danza, perfecta simbiosis para echar de nuevo a los caminos a los barracos y barracas que creen, y así lo transmiten, que el teatro es alimento esencial para el pueblo. Un pueblo que ama y defiende el teatro es un pueblo vivo. Un pueblo que ama el teatro no puede dejar de latir con lo que sucedió anoche, de manera tan real, encima del escenario.

Anoche en el Teatro Alkázar de Plasencia, Federico estuvo en cuerpo y espíritu. Cuando las cosas se hacen desde las mismísimas entrañas, sucede que la magia y el recuerdo se hace carne. Recordar es pasar por el corazón, es poner a latir la memoria. Federico abandonó el frío telúrico de los barracos y barrancos y se puso a tirar del Carro de Tespis con Custodio y su compañía. 

La Barraca se pone de nuevo en marcha para llevar por nuestros pueblos el milagro del teatro, el milagro de la vida.

Larga vida a los cómicos, que aún conservan el espíritu de aquellos barracos y barracas, que creyeron que el teatro era y es capaz de transformarnos y transformar el mundo.